Madre

Una fiera luchadora, que me dio la vida, sacaste fuerzas de dónde no las había y tiraste del carro sola y sin ayuda, hoy veo tu llama antes rugiente y resplandeciente ir apagándose día a día, y no encuentro manera de encender las brasas que van quedando al paso de tus días, hoy te veo decrépita y vieja, donde antes te veía llena de fuerza y vida, hoy he tenido un mal presagio, y miro tu llama apagarse poco a poco, intento que no me veas llorar, y no se note mi voz quebrada en el teléfono, porque la intuición se adelanta a los futuros hechos, hoy añoro esos días donde jugábamos juntos en el salón de casa, a no intentar reírme cuando te ponías vizca, siempre me ganabas, o cuando venía llorando por alguna caída, la ternura de un beso y la esperada cura, hoy quiero encontrar para ti esa tirita que lo arreglaba todo y por más que la busco no la encuentro, no puedo evitarlo, te miro y veo la mella que ha hecho en ti el pasar de los años, las cicatrices de tantas batallas libradas, tus llantos, tantos disgustos y tan poca ayuda que me duele no haber tenido más fuerza para hacer más por ti, y aun así sigues como un león luchando fieramente contra todo, sin más ayuda que la voluntad tan grande que te ha hecho levantarte mil y una veces de otras tantas caídas, sin más premio o reconocimiento que estas pobres líneas, hoy veo tu llama menguar frente a mi impotente, y aun así me pides que te cuente mis problemas para añadir más madera al carro que tiras, y te duele lo que callo, porque sabes lo que me pasa con sólo mirarme u oírme y aunque no lo veas sabes cuando lloro por más que seque mis lágrimas en un intento de no ver las tuyas, pidiendo fuerzas a dios para ti, para que disfrutes de tu vida que merecido tienes el premio del descanso que te otorgan los años de tanto trabajo y lucha, y aún así veo tu carro más cargado todavía, que injusta me ha parecido tu vida madre, el pago que has recibido no está a la altura de tu sacrificio, solo puedo darte mil gracias y mi cariño, mientras vivas y más allá de esta, decirte que te quiero, y perdona si lloro al ver tu mano a la mía cogida, pues se apaga el faro que ha alumbrado el camino de mi vida.

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